Minientrada

 

Cielo y Árbol

Descanso en el azul de tu espalda,

Paciente y sobrio.

Aguardo.

Y cuando el mar de tus caricias,

Alfombre mi reposo,

Entonces,

solo entonces,

mis ramas y tu cielo

entonarán adagios._DSC0251

Anuncios

Minientrada

MIRANDA

El punto está ahí,

ese en el que tu mirada y la mía se cruzan y se encuentran y se aman,

y el oleaje de ojos es tal que el mundo sobra.

Compañera de vuelo de existencia,

mi alguien en el que poder arropar lo más pequeño,

y lo más grande si te empeñas.

En el que poder levantar el cielo con las manos,

saborear las montañas nevadas de tu boca,

y el río alegre de tus besos.

Me duele la existencia del vivir,

y olerte, acariciar tus manitas de niña,

pasear por el jardín,

y regar tu dicha de mujer creciente me apacigua.

Apacigua todo ello el rayo de mi pecho.  Un rayo que cavé con paciencia y sudor,

con lágrimas de estrellas que cada noche recordaban tu aroma de lavanda.

Existencia maldita, dolorosa, bruja sin sentido que solo se soporta con tu nombre.

Miranda para poder seguir, arrastrando cadenas invisibles que no entiendo.

Ni entenderé.

Miranda para amarte, para escudriñar los poros  de tu piel uno a uno.    

Miranda si me muero y me levanto, Miranda tras la muerte, en la muerte y con ella.

Sin ti me sabe a mar la vida, muero mas dejo de existir si marchas.

El tio vivo del estar ya no da vueltas si no empujas mis caballos de colores grises,

respiro hondo y te busco entre la multitud,

y ahí está el punto:

el punto que hace que entienda todo lo demás. Aun sin entenderlo.

Y qué mas da, si estás, Miranda.  

 

Minientrada

Manuel
“Mas busca en tu espejo al otro,
al otro que va contigo.”  
A. Machado.
Se miró al espejo.
Dos surcos cruzaban su cara, uno a derecha y otro a izquierda.
Ya no era el de antes, eso era evidente. “Los años no pasan en balde, Manuel”, se dijo a sí mismo.
Afeitó con mimo su barba incipiente, depiló sus cejas, cortó con sumo cuidado los pelillos de la nariz y empezó a maquillarse.
 
Señoras y señores, esta noche, con ustedes, Lola Alegre.
El público se puso en pie y aplaudió con ímpetu.
Manuel actuó como nunca.
En la silla del camerino descansaban, perfectamente ordenados, su uniforme, los zapatos y el abrigo azul.
page

Minientrada

Bolero

Bolero

Cortaba cebolla a trocitos pequeños.
De fondo, venida del comedor, la melodía de un bolero.
Los ojos se le llenaron de agua.
Maldita cebolla.
Se lavó las manos y apagó la música.

Minientrada

cropped-dsc0203raquel.jpg

 Noviembre Sostenido

Le dueles a la vida

en tu noviembre sostenido.

En el mar de tu blanco otoño,

y en tu almendro de boca

en primavera.

 

Le dueles a la vida

en tu júbilo de paz

y en las hondas estelas de tus pasos.

En el milagro claro de tu voz

y en la risa fresca de tu aurora.

 

En el silencio de tu noche oscura,

y en la blanca franja de tu dicha.

En tu ausencia salvaje y

en el desgarro ausente

de tu vuelo al olvido.

 

Y en la pálida muerte. 

Le dueles, mujer.

Porque le haces sombra.

 Le dueles, mujer.

En tu calmo noviembre.

 

ADONIS

Minientrada

Adonis

El disparo fue certero.

Quedaron en él recogidos toda la suntuosidad que el músculo imprime, la belleza insolente de un Adonis, los rasgos hieráticos, la altanería. La perfección engreída y el encanto natural de lo agraciado. Una combinación de matices que ni la paleta del más experto pintor podría haber reflejado con tanta exquisitez.   

-Hemos acabado la sesión- dijo la fotógrafa –puedes vestirte. Adiós-.

El joven obedeció.

En silencio el muchacho cubrió sus genitales con un boxer y su torso desnudo con una camiseta blanca de tirantes. Prosiguió colocándose el resto de la ropa: unos vaqueros, la camisa, un jersey de lana verde, calcetines y mocasines.

Daniel se sentía incómodo. Miraba a Ana de reojo, pero no encontró en su mirada ni un ápice de complicidad.

De un portazo cerró la puerta. Desde que le confesó que se había enamorado de una chica de su edad, Ana ya no le dirigía la palabra, solo para lo estrictamente profesional.

 

Tras el portazo Ana se desplomó y rompió a llorar como una niña. Entre sollozos musitó:

-Hijo de puta.

Adonis