La Plaza

caballos

 

Llega mayo,

y el toro se dispone

en la plaza

-arrogante y viril-

a matar al enfundado

hombre de luces.

 

En la sombra

los caballos aplauden

la sangre y el

éxtasis taurino.

 

La tierra de la plaza

se mastica

y en silencio

espera la sonada de trompeta.

 

Tambores y pañuelos

de blanco enloquecido

sostienen en lo alto

la vida del astado.

 

Cielo y sol,

sudor, más sangre.

 

La plaza engalanada

recibe el pasodoble.

 

El mihura brilla, negro,

con ojos de tristeza,

avergonzado.

 

La sangre te mereces

altivo hombre,

-la sangre y la vergüenza-

hincada en tu costado.

 

 

 

 

 

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