Niño de Luz

tio-vivo

 

Sé que existes, y que estás, y con eso me conformo para seguir viviendo en este azul de nube, añil.

Levantarte y levantarme en tu distancia próxima, siempre, a pesar de la vida y del abismo.

En tu gitana gracia me reflejo, y la luna se me asoma en tus palabras de tierno bandido.

Desesperado niño de luz, que el mundo te comes en cada bocado de tu risa.

Una gama de grises y turquesas, y blancos impecables, acompaña el camino, y te dibuja en el aire dando saltos de loco, alegre, adulto.

Y unos profundos ojos, oscuros e infinitos y llenos, me he puesto en el pecho, de collares.  

Hoy ya no siento miedo ni prisa ni vergüenza.

Una verdad tranquila te perfila, y la abrigo con cuidado y silencio, con melodía de ópera callada, con hojarasca viva, y transparente agua de río.

Los rayos de un arcoíris perfecto te balancean, y la batuta de todo en lo que te has convertido. Y  en lo que no.

Oleaje de altura hombría, espuma a cada paso. Columpios de admirado resplandor.

Es tu roce.

Y la calle del bien se escenifica, crece. Se expande entre las dunas.   

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