LA LUNA

A Julio,

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Se levanta muy pronto, cuando la noche es cerrada aún. Con el pelo rebelde, dormido, y un café en la mesa, inicia el ritual de todos los días antes de irse a trabajar. La casa en silencio. Los niños duermen tranquilos, y Nuri, su mujer, también. La magia se inicia cuando sus manos empiezan a trazar figuras y formas. Curvas, latidos, colores y amor nacen de madrugada. El amor sin condiciones cada mañana plasmado en hojas blancas. Dibujos que Juan cuelga  entre paredes en cinta de pintor para que los niños se despierten con ellos.

Algarabía.

Entonces, mientras desayunen, cuando sus hijos estén comentando a Nuri el dibujo tan bonito que ha hecho papá hoy, o por qué papá no lo ha coloreado, o queremos que papi nos haga dos mañana…, entonces, en ese momento justo, Juan estará pensando qué dibujo hacer al día siguiente a los niños, o relamiéndose de satisfacción al pensar en los besos y abrazos, o críticas,  que recibirá al llegar a casa de esa pareja de pequeños monstruos  incombustibles con los que cada día llega al cielo y toca, toca la luna.