CRISIS

maduros en crisis

 

Creía que era una buena cosa: una residencia de maduros en crisis. Como esas películas de jóvenes universitarios que conviven en una residencia,  pero en versión cincuentones. Ahora mismo iba a explicárselo a su productor: seguro que sería un éxito sin precedentes.

Ya estaba viendo a Carlos, de pelo cano y ojos color miel, aporreando la puerta de una de las habitaciones pidiendo a gritos una cama en la que dormir tras una noche loca con dos jóvenes rubias. Había dejado a su mujer porque no soportaba la idea de hacerse mayor y no volver a vivir una segunda adolescencia.

En la habitación de al lado Borja fumaba porros. Uno detrás de otro, sin parar. El olor a marihuana lo invadía todo. Hacía tanto tiempo que el sabor de esas hierbas no volvía a seducirle… Borja acababa de cumplir 46. La vida es una fiesta, repetía. Rompió con su familia pero a lo grande: con mujer e hijos, hermanos y padres. Vivir, vivir, canturreaba a la vez que que sus ojos vidriosos se cerraban a ratos.

Alejandro, en la habitación contigua,  escuchaba rock y bailaba como un poseído. Sumergido en los cascos  le importaba bien poco lo que sucediera alrededor suyo.  Sudar, solo sudar. Necesitaba olvidar a la cabrona de Mery, que se fue con su amigo del conservatorio y nunca más volvió. Zorra.

Esa noche en la residencia de maduros en crisis tocaba película porno. Se habían comprado palomitas, muchas latas de cerveza y unas pizzas.  Se juntaban en la sala principal, y allí se tiraban pedos y bostezaban. E iban en calzoncillos, y eructaban cuando les apetecía.

Al día siguiente saldrían a jugar a los dardos y a los bolos, y harían una visita a la residencia de maduras en crisis. Aquello sería el no va más. Se pondrían sus mejores trajes, las colonias de marca que nunca estrenaron, los zapatos nuevos, se cortarían las uñas y masticarían chicles de eucalipto que hacen llorar de tan fuertes. Sería una noche bárbara, como las verbenas de cuando eran jóvenes. Bailarían agarrados canciones lentas y se besarían los labios con delicadeza, casi como en un suspiro.  Ya se estaban frotando las manos de solo pensarlo.

La residencia de maduras en crisis sería la siguiente película. Lo estaba viendo, lo visualizaba: el taquillazo de la temporada.

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LUCÍA

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La luz se hizo.

La luz se hizo a cada instante contigo. En cada café rociado de palabras y gestos de clown. En cada silencio plagado de dolor y odio, a veces.

La luz se hizo con tu sonrisa blanca casi de diosa. Con tu alegría infinita en cada merienda. Con tu paz y tu escucha. Con todo lo que nunca dije y entiendes. 

Un ejército de luciérnagas cuando pisas la alfombra. Un halo brillante de esperanza, en mi sien. Todo lo envuelve tu calma. Y el sentimiento, veraz, de una amistad gestándose.