FELIPE

tiovivo

Nos separan treinta años y ahí estamos. Cuando me acerco a la parada y me presento adivino en su expresión sorpresa y un querer recordar. De nuevo el saludo de entonces, el de cada mañana y cada tarde de todos los días de la semana. Se llama Felipe, hoy lo descubro, y lo recuerdo muy parecido a como ahora lo veo. Antaño moreno y con un gran bigote oscuro, el mismo que hoy junto con una incipiente barba canosa puebla su cara. Conforme conversamos sus ojos se llenan de agua y me abraza: “claro, claro que me acuerdo de ti, pero ha pasado tanto tiempo…”

Entonces yo era una niña, camino del colegio, y él un joven hombre, el señor churrero, con su sonrisa y su paciencia, su olor a aceite, su innegable tesón, en mañanas y tardes de frío, impecable con su delantal blanco. Parece que el tiempo lo ha congelado para siempre en esa esquina donde cuida su parada con mimo y orgullo. Nos despedimos sin querer hacerlo, queriendo arrebatar el tiempo en un apretón de manos, el tic tac de los días y horas y segundos y arrugas que nos llevan, dos besos, “toma, una bolsa de cortezas para tus niños, pero cómo pagar esto, cómo pagar esto…no hay precio”, y vuelvo al presente, al aquí y al ahora.

Si no fuera por la bolsa de cortezas que sostengo en mi mano hubiera dicho que nada fue.

El cielo luce hermoso y azul. Blancas las nubes.

Y Felipe ha sido. Una pincelada, un referente, un pedazo de mi historia.

Anuncios

Un pensamiento en “FELIPE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s