EL SUPOSITORIO

EL SUPOSITORIO

Micaela introduce su dedo en el anito con cuidado y el niño rompe a llorar.

-Tranquilo, solo es un supositorio, cariño. Has de ponerte bueno y esta es la única forma, regordete.

El niño sigue llorando, ella lo abraza, lo apoya en su hombro y se pone en pie. Lo mueve de un lado para otro en un vaivén que parece conocido por ambos.

-Mira que te gusta el traqueteo, ¡eh? Conste que solo un ratito y porque lo has pasado muy mal con el dichoso supositorio.

Ea, ea, ea, mi niño guapo, ea, ea, que se me duerma, que se me duerma…