LA ENSALADA

ESCALERA

Aderezó la ensalada con humor y un poco de limón.

Intuyó que la ficción, a veces, llega a comulgar con la realidad, y que cien años solo dura la soledad de Márquez.

Todo pasa, como la lluvia, el metropolitano, o el curso escolar.

Y cuando la cebolla le hizo llorar recordando un bolero se acordó de Einstein, que era un señor de lo más listo, que dijo una vez algo así como es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Y entonces le vino lo de la relatividad, y Ramón de Campoamor con su en este mundo traidor…

Y el postre le supo a gloria bendita como decía su abuela.

Se fumó un cigarro como si se fumase la vida en él, pidió disculpas al cielo por sus pecados, si es que los tuvo, y decidió caminar junto a Serrat y Machado, quién me presta una escalera… para subir los peldaños y alzar el vuelo.

Fue entonces cuando comprendió lo fundamental.

La ensalada había dado de sí.

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