NOSTÁLGICOS

nostalgicos

Fuimos y lo seremos,
unos nostálgicos empedernidos.

Historias del pasado morderán
nuestro futuro
y el árbol de nuestras vidas
tendrá siempre raíces profundas
y legendarias.

Fuimos lo que somos,
y nunca dejaremos de serlo.

Mas el ritmo trepidante,
la vorágine del camino, nos arrastra.

Nos sabremos, nos tendremos,
como los nostálgicos empedernidos

se sostienen en el aire de sus sueños.

Pero andar impera,
no más demoras.

La vida continúa,

y hay que seguir exprimiendo al máximo el sendero.

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EL ALMENDRO DE MI PATIO (POEMA INFANTIL)

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(Realizado a la par con mi hijo Héctor  de nueve años)

El almendro de mi patio florece:

cada mañana lo observo

poco a poco cómo crece.

El almendro de mi patio tiene

varias ramas rosas, verdes,

arcoíris de colores,

que cortejan a la fuente.

El almendro de mi patio

me acompaña como siempre,

cuando estoy triste,

contento, enfurecido o alegre.

HOMENATGE

A Lourdes Mora Garreta

Lourdes Mora buena

Ella fue la culpable de que hoy esté aquí. En este Madrid hermoso que me acogió con los brazos abiertos. Entonces yo trabajaba en Santa Coloma de Gramenet, dirigiendo un programa de inserción laboral para personas con discapacidad intelectual. Hacía un par de semanas que Lourdes había llamado a mi casa paterna, para concertar una entrevista y ofrecerme la oportunidad de un contrato de trabajo en Madrid. Todo mi afán era no irme de mi Barcelona del alma con una mano delante y otra detrás. Así que me planté en Pozuelo de Alarcon, un sábado a la hora acordada, previo viaje de 600 kilómetros.

Lourdes me encantó desde el primer minuto. Me gustó mucho esa seriedad con la que presentaba las cosas, esa forma de exponer, de justificar cuanto planteaba y que, de algún modo, reflejaba su manera de ser y de percibir el mundo.

Su porte era exactamente como el que sigue siendo en la actualidad:  menudo,  lleno de una seguridad amable y con un trasfondo de humanidad que siempre supe ver. Mas allá de esos ojos marrones y esa tez seria se escondía, y se esconde aún, una mujer sensible y emprendedora, que se dejó mucha vida por el camino, llena de ganas de hacer, de servir al prójimo y de luchar. Una mujer austera en extroversión y catalana al límite, que supo incorporar, en Madrid, nuevas formas de hacer en la gestión y atención a las personas con discapacidad intelectual. Formas de hacer heredadas en parte de su tierra natal, que al tiempo es la mía, y otras, propias de su naturaleza indómita, buscadora incansable de nuevas fórmulas.

Acepté, y por carambolas del destino, el rumbo de mi vida cambió.

Lourdes continuó, a golpe de trabajo y esfuerzo, creciendo y afianzando su lugar en el sector, en la Comunidad de Madrid y en otras entidades. Y yo, a su vez, inicié una nueva andadura personal y profesional en tierras madrileñas.

Han pasado veinte años y Lourdes permanece y permanecerá en mi memoria como alguien significativo con quien, como en toda relación,  tuve encuentros y desencuentros; sin embargo, en la balanza, y con la perspectiva de los años, siempre sobresaldrán los momentos hermosos que me brindó. Esos sentimientos  son los que me nutren y empujan hoy a escribir estas palabras. Siento por ella un gran afecto y un inconmensurable respeto.

Este es mi pequeño y muy sincero homenaje.