LA AUSENCIA

Llegó Rubén. Un joven muchacho de finas manos. Nos sonrió.

Le indiqué el lugar que ocupaba su padre. Todos le observábamos con disimulo.

Con una delicadeza infame fue recogiendo los enseres del escritorio: una pluma, un vaso, varias carpetas, el neceser, cigarrillos, fotografías, el almanaque personalizado y poca cosa más.

Le ayudé a colocarlo todo en una caja pero no llegamos a cruzar una sola palabra. Le di dos besos y dio media vuelta.

_DSC0001

Todo él temblaba, aunque abrazaba la caja con determinación. Cruzó el despacho con una dignidad hiriente, y sin derramar apenas una lágrima nos dijo adiós desde el dintel de la puerta.

No pude evitar sentir un nudo en el estómago, un dolor de alma que no soy capaz de describir, aún lo recuerdo.

Comprendí que la vida, a pesar de lo hermosa, nos hace crecer a golpe de ausencias, y que madurar supone ir muriendo poco a poco. 

EL GITANO

Aparece el gitano amarrando su talle.

Corpiño estrecho,

marca tipo y plante y gallardía.

_DSC0061

Suenan los tacones en las tablas.

Camisa blanca

iluminada,

sudada de sí misma,

olor a vino,

y  madera.

La gitana los brazos en jarra.

La persigue. La niega.

Se delata en el mirar hostil.

Nítida imagen del macho en cabriola.

Suspendido.

En el aire.

Resuenan la guitarra y castañuelas.

Estruendo.

Rumbo.

Desencuentro.

Claveles.

Aplauso y pandereta.

LLUEVE

llueve

La lluvia cae, insistente pero gris. Apagada. Silenciosa y ajena a su propia existencia. Cae sin pausa, repetida sobre sí misma. Dispuesta no se sabe bien, si a emborronarlo todo o a dejarlo libre de mácula. 

Allá abajo los paraguas se mueven veloces, a trompicones, ocultando verdades y vidas. El caos está servido, y las luces de los coches, en consonancia con los cláxones recrean esa melodía secreta de día de lluvia que conozco bien. 

La gente corre, salta los charcos, acelera el paso. Cada cual perdido en su propia lucha, esquivando el fango, conduciéndose en el devenir de la existencia.   

Desde el duodécimo piso las personas parecemos hormigas. Luchadoras e incansables, constantes y tenaces. 

El sentido y la perspectiva nos distinguen, quiero pensar. Investir de significado nos salva de este absurdo insoportable a veces del vivir. 

Sin embargo, no dejamos de formar parte de un mosaico complejo, áspero y hermoso. Un crisol lleno de luz y fuerza, de vida a raudales. Un todo del que no podemos escapar.

El aroma a café invade el salón desde la cocina. Mmmm, olor a gloria. 

Benditas pequeñas cosas.

Una vez más esa combinación, café y lluvia, recogimiento, le sabe a paraíso lleno de ángeles, a viva la vida, a no quiero perderme ni un segundo de este milagro inexplicable.

Y tiene el firme propósito de no perdérselo.    

ISABEL.LA

_DSC0274

Le gustaba  hacerlo.

Se abría el botón de la camisa blanca, justo el tercero. Y dejaba entrever unos senos maduros como manzanas rojas y sabrosas. Caminaba ligera y firme, convencida de sus pasos, sabiéndose observada.

La miraban desde el otro lado del cristal. Boquiabiertos y ensimismados, con la piel impregnada de deseo.

Su falda corta, sus piernas largas y morenas. El grácil movimiento de su pelvis. Y ese olor a hembra en primavera.

 

Por las noches, se acariciaban sintiendo en sus manos los pezones dorados de Isabel.la, y se estremecían, saboreando el calor de su lengua rebelde y húmeda; lasciva como el huracán de sus orgasmos.