LA LAVADORA

Asomó la cabecita al agujero. Se golpeó la frente con el vidrio y los ojos se arrimaron todo lo que la nariz chafada en el cristal permitía.

Grafaffdsf, fgragfagsfa, el ruido de la máquina lo embobaba; y la ropa, hecha una pelota dando vueltas, le divertía.

Gasfdffasfg, adfgffgfafas, y una vuelta, gsdgfsdtrefasf, fdasfdasfsff, y otra…

El cristalito empezó a llenarse de mocos y vaho, y babas.

Gdaddfrefafad, dsfdfrewgrfafd, y una vuelta, cafggrewfdsfd, dffgrrffrffdf, y otra…

Así permaneció durante tres lavadoras el niño.

-Su madre no podía dar crédito-.

La lavadora

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