MI BARRIO

MI BARRIO

Salí de este barrio barcelonés hace treinta años. Cualquiera lo diría. Treinta años de lluvias y olvidos.
Mi padre, pescador de la zona más pobre, nos contaba que había conseguido, a base de mucho esfuerzo y sacrificio, ahorrar el dinero suficiente para comprar una casa en él, el barrio de la Barceloneta. Nuestra casa era sencilla, limpia y llena de luz. Tras las olimpiadas del 92 el giro que la ciudad en general sufrió, y en particular nuestro barrio, fue espectacular, así que, sin esperarlo, pasamos de vivir en una barriada humilde a hacerlo en una de las zonas más demandadas y turísticas de la ciudad.
Recuerdo que me gustaba observar la ropa colgada en las ventanas, mostrando impúdicamente calzones, bragas, monos de trabajo… Paseaba por sus calles plenas de mestizaje, gentes trabajadoras la mayor parte de ellas, con olor a salitre y humedad, y perdía las horas observando a unos y a otros: mujeres entrando en los comercios, que compraban el pan, lentejas, butifarra…, hombres en la puerta de los restaurantes invitando a entrar en los locales que ofertaban menús a mejor precio que el de la competencia, viandantes deambulando por el paseo… Me encantaba observar la fauna que me rodeaba.
No disponíamos de auto, así que teníamos que ir a todas partes a pie. No sé si ese era el motivo por el que recuerdo la mayor parte de mi infancia vivida en el mismo corazón del barrio. Solo muy de vez en cuando cogíamos el metropolitano, aquello suponía una gran fiesta. Una vez montamos en el tranvía, y fuimos al Tibidabo. Pasamos el día allí, y desde lo alto, recuerdo divisar la ciudad condal. Pensé que era la más hermosa de las ciudades.
Mi hermana se fue pronto de casa, a la calle Botella, cerca de la Ronda San Pablo, una zona bastante más céntrica de la urbe. A pesar de estar bien casada, con el gerente de una fábrica de galletas, y de haber mejorado de barriada, echaba de menos nuestro comedor cuadrado y pequeño, e inmensamente acogedor.
Yo me quedé viviendo en casa hasta aprobar la oposición. Luego me vine a Murcia y me enamoré de Gladis. Hasta hoy.
Cuando vuelvo a Barcelona me asombro. La fisonomía del barrio ha cambiado, cada vez que regreso siento la punzada de haber perdido un poco lo genuino de antaño. Sin embargo, entre las calles, entre sus aceras y farolas, algo se empeña en permanecer. Pareciera que a través de sus sonidos, de sus colores y matices, se niega de alguna manera a convertirse en olvido.

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5 pensamientos en “MI BARRIO

  1. Narración amena, que nos contiene a todos, amiga. Porque, más o menos, todos hemos pasado por lo mismo —aunque, los hay que no se han ido nunca, como mi familia en Regla, que han nacido y despedido en el barrio—. La foto gasta una claridad estupenda. de mucho gusto.
    Ah, para mí, Barcelona es una de las ciudades más bellas del mundo.

    Abrazos

  2. Queridos amigos fieles, me alegra mucho veros, una vez más, por aquí. En realidad no es un texto autobiográfco. Se trata de retales que conforman parte de la historia de mi familia, y que están ahí como piezas de puzzle sueltas. El reto es darles cuerpo, forma y color. Qué voy a contaros…
    En efecto, Valle, Barcelona Es hermosa, bella, y Como dice la canción, “tiene poder”.
    Y Raquel, un arte haciendo fotos “que pa qué”.
    Gracias por todo. Abrazos a los tres.

  3. Me encanta!!!
    Se nota una cierta nostalgia de tu BARCELONA y de una niñez con unos agradables recuerdos.
    Conozco los rincones que plasmas y mas o menos las
    personas ficticias,,,
    La foto muy bonica.
    Un besico.
    Lili

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