LA FLACA

la flaca

El vestido es negro, a volantes. Ceñido hasta encima de la rodilla, y marca su figura alta y delgada, más bien tirando a flaca. Se mueve con soltura, y sus brazos marcan un bíceps trabajado. Llaman la atención las venas azules que los cruzan. Sus pasos son cortos, rápidos y enérgicos. Deja marca en el parqué con sus tacones.

Agarra el matorral de flores y la cesta, y sale dispuesta a vender lo que sea, con tal de llevarse un mendrugo de pan a la boca. La noche es larga, y dura, pero siempre hay caballeros dispuestos a comprar alguna flor, y si la cosa se pone cruda, si es necesario, entonces se soltará el pelo, se pintará los labios y abrirá las piernas en cualquier portal, porque hay que comer, hay que comer. Y la luz hay que pagarla, y el agua, y el colegio del niño, y la madre que parió a todo cristo viviente. Y que luego me llamen puta porque les voy a cantar cuatro cosas bien cantadas. Luego las vecinas harán corro y la señalarán, y dirán, mira, ahí viene la puta, y se persignarán. Y yo pasaré con olor a macho y a flores podridas, con ganas de ducharme y dormir y llorar, y con ganas de mandarlas lejos a ellas y a su fe. Y ellas qué sabrán, qué sabrán.

Algún día, me compraré vestidos coloraos, ganaré kilos y tendré una tiendita. Nada más. Mi niño seguirá siendo un niño lleno de amor, mi cuello el más preciado porque lo rociaré con Chanel número 5, como la actriz esa rubia, y mis vecinas, seguirán siendo lo que son, unas cotorras envidiosas. Cuánto desengaño pa cuatro días mal contaos.

Que les den a toas.

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