Albatros

ALBATROS

No sé en qué punto exacto del océano
te perdiste,
en qué punto vital
te convertiste en peonza loca,
en animal obtuso y obcecado.

Cuando tu presencia no entendió
absolutamente nada de todo lo demás,
desvariando,
en el delirio de un cielo emborronado
de guijarros.

No sé en qué armario escondiste tu percha,
ni dónde sofocaste el calor del domingo,
pero ya no importa,
créelo,
porque los peces beben de otra agua.

Vuela, arriero, vuela,
que todos volamos alguna vez.

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LA OPORTUNIDAD

 

La noche en que Adriana me dijo con rabia que yo era como el perro del hortelano, que ni comía ni dejaba comer, el mundo quiso caérseme encima. Pensé que no había zorra más grande en el universo, y en ese momento hubiera deseado matarla con mis manos.

Cuando al mediodía siguiente, tomaba mi vermú en la terraza del bar del Che, comprendí que sus palabras podían estar alimentadas por mil motivos que a mí, finalmente, se me escapaban. Intuí que no había nada que yo hiciera que pudiera hacerla cambiar.

Levanté la mirada al sol, y agradecí su calor y su luz.   

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Si Adriana confunde la batalla, pensé, allá ella. Esto ha tocado su fin. Estoy harto de numeritos. Y mientras pensaba eso un par de bonitas muchachas se acercaron a mí, me pidieron permiso y tomaron asiento en las sillas de metal que rodeaban la mesa en la que me encontraba. Eran vendedoras de libros, simpáticas: querían venderme un manual de cómo ganar dinero en tres semanas, o cómo conseguir el amor en un mes. Me eché a reir, las convidé a un refresco y les dije que no, que el dinero, gracias a dios, no me hacía falta, y que el amor, -les mentí- acababa de encontrarlo, así que nos reímos, charlamos un rato de temas triviales, y nos despedimos.

Al marcharse, una de ellas, la menos bonita, me entregó una tarjeta. En ella me invitaba a llamarla una tarde a pesar “de haberlo encontrado”. No pude evitar  una carcajada. El sol seguía reluciendo. 

Terminé de un trago mi segunda copa de vermú y pensé que igual una nueva oportunidad se me abría en el horizonte. Me levanté. Y me dispuse a dar un paseo.

SOLO CUENTA

 

Solo cuenta

tu pupila y mis yemas. 

En este enero

muchedumbre

de espinas y abanicos blancos. 

Tu silencio y mis letras, 

angostas

huellas hermanas,

eslabones

de un alma que te fue. 

Tu calma en el sendero

de un desaire huérfano,

mi rotunda vejez en la esperanza

de un mañana azul,

lustroso,

y

limpio de engañossolo cuenta, amanecer grosella de tu marcha.

Tu pupila y mis yemas

en un ahora instante

que te quema,

te confunde,

más allá del amanecer

grosella de tu marcha.