TARDE DE DOMINGO

 

Hoy me siento como lo que es, tarde de domingo, en las que uno se siente gris y mitad sofá mitad nube de tormenta. Una pena me roza la barriga y los pensamientos,  y el peso de los años y el tiempo toman una especial significancia, no sé bien por qué. Me miro al espejo y me siento un poco más vieja, más gorda y menos amable. Con una cana más, mal depilada y tristeza en las manos, que no dejan de manejar el guasap, queriendo encontrar allá a lo lejos, en la otra parte del planeta, del país, o de vete a saber de dónde, un alguien que me diga a gritos que soy fantástica, que vale la pena tenerme como amiga, y que el mundo sin mí sería totalmente absurdo, puesto que yo soy lo mejor de lo mejor.

Castigo a mis amigos con mensajes de “te quiero”, “no te olvido”, y frases tontas del estilo que no ayudan a mitigar la sombra de mi estado de ánimo.

Mañana me espera un día duro en el trabajo: volveré a la rutina maravillosa de coger el coche a la misma hora, en la misma carretera, la misma vía y el mismo trayecto. Saludaré al entrar al despacho como todos los días, ficharé antes, claro, dos veces, como corresponde a mi personalidad obsesiva, desayunaré entre apuntes y estadísticas, comeré, seguiré trabajando, me entrará una insoportable modorra tras la comida (no soy persona después de comer, tengo las digestiones lentas y me ralentizo); seguiré maldiciendo al sistema, y a mi empresa en particular por no abogar por que los trabajadores duerman la siesta para rendir mejor. Volveré a casa, recogeré a los niños del colegio , me pondré histérica con alguna trastada de las suyas, les bañaré, haré las cenas, leeré, escribiré, con un poco de suerte haré el amor con mi marido, y me quedaré “roque” en el sofá, espatarrada como una lechuga.Imagen

Y al día siguiente, parecido.

Mi vida es maravillosa, dicen. Pero la quiero mejor. Sobre todo esta tarde. Me apetece conocer  a alguien que vuelva a hacerme sentir mariposas en el estómago, o a una amiga que decida arriesgar conmigo y volar juntas, si es preciso como Telma y Louise: a conocer mundo y morir en el camino si fuera preciso, como las heroínas. Quiero pisar los charcos bajo la lluvia, chapotear como una niña, reir a carcajadas, conocer a personas interesantes, disfrutar de ir sin maquillar, sin ropa que me apriete, saludar a quien me apetezca, comer lo que me guste, y sentirme libre.

Guardo el móvil y me levanto. Decido hacer un esfuerzo, los domingos también tienen su encanto, pienso.  A parte de las películas, de la misa por televisión y de las salidas de los niños con el monopatín, empiezan a tener algo hermoso que me seduce… que se acaban. 

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