ENCANTADORA Y PUTA

Era encantadora y puta como la vida misma.  Me enamoré de sus labios carnosos, de su pecho almendrado, de su cintura. Me absorbió su manera de concebir el mundo, el modo de enfrentarse a las cosas, su manera de hacer. Los días se sucedían sin darme cuenta. Saboreaba su boca en la mía. Y cuando no la tenía cerca la pensaba a cada instante, recordando sus movimientos, sus palabras, sus frases poderosas.

Fueron los mejores años de mi adolescencia.

Cuando me dijo la verdad me hundí. ¿Qué será de aquellos labios carnosos, de aquel pecho almendrado, de aquella cintura? ¿Qué será de aquella puta encantadora? 

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TUS MANOS

Me gustan tus manos y las quiero mías.

Tus manos
Medusas de arcoíris en el filo del mar.
Nido de serpentinas que lo llena todo.
Sabias conquistadoras de anhelos ausentes.
Espejos de abismo y vértigo salaz.
Roces de sinrazón en vasijas de aliento.
Universo de mil y una noches.
Desiertos de luna y estrellas.
Almohadas en mis senos de plata.

Me gustan.
Me gustan tus manos.

Ríos de vida en mi boca hambrienta.
Cataratas de pájaros cantores.
Habanera cadenciosa en marineros.
Enigma que recorre mis bajezas doctas y profundas.
Palmera de color en la noche oscura.

Me gustan.
Y las quiero mías.

PANDORA Y BRUNO

verde olivo

  

Verde el canal de mi pecho,

la huella de mis pasos,

la brújula del tiempo,

y la risa.

La que nunca he perdido.

 

Verde la sombra del árbol,

-verde en sus hojas-,

que incansable, perenne,

 cimbrea mi camino. 

 

Verdes las amapolas y el trino,

mi reloj de pared y

la médula espinal de la calandria.

 

El pájaro cantor

y la pértiga clara de su rima,

la caracola ausente, 

y el renacer norteño de mi sino.

 

Verde mi vena azul en jaque,

mi cruz abierta en flor,

y el pétalo del trigo.

 

Mi puerto en mar,

grisáceo y tul,

en primavera y valle.

 

Y el verde oscuro,

-callado y bruno-,

de tu verde olivo.